CRÓNICAS POSELECTORALES 2021: El caudillismo: Eficiente pero no suficiente.
En los números el delfín del gran caudillo del Ecuador, el señor Andrés Aráuz, se erige como el aparente vencedor de esta contienda electoral, y es que a final de cuentas, siempre fue el favorito, se entiende que por estar aupado de la figura política más importante del país en los últimos 20 años.
En política
el caudillo es el equivalente a lo que las selecciones de Brasil, Alemania,
Italia, Argentina y Francia en los mundiales; es el "eterno
favorito", el "copero" y por lo tanto también posee "la
suerte del campeón". Pues al correato le favorecieron muchas
factores en estas elecciones, como si los astros se alinearan a favor de sí. Primeramente, la obsecada y muy mal manejada persecución de
Rafael Correa y su entorno íntimo, que no hicieron otra cosa más que
victimizar a los que fueron victimarios alguna vez, y hacer que capitalicen la
oposición al gobierno más impopular del siglo.
Seguidamente,
y como si se tratara de una herencia que había quedado abierta, las fuerzas
políticas de todos los frentes trataron desesperadamente de captar ese capital
político que había dejado Rafael Correa cuando este último se exilió en Bélgica, lo que
produjo rupturas importantes y sectarismos en todos los sectores de la sociedad
ecuatoriana que en un principio estaba unida por una sola causa común: El tirano y autoritario Rafael. Ya sin el líder populista del siglo XXI, cada quien veló por sus intereses y esa división pasa hoy su factura.
Las elecciones seccionales en las que para sorpresa de todos, el correismo captó 2 de las 5 prefecturas más importantes del país, sacando un resultado homogéneo a lo largo y ancho de los 221 cantones de la patria, tornaron un ambiente caliente que erupcionó en octubre de ese año, donde las autoridades correistas demostraron de que estaban hechas y no fue sino el riesgo que tomó Jaime Nebot, lo que salvó al flacuchento gobierno de Lenin Moreno de su caída. Los hechos de Octubre y las decisiones familiares hicieron apartarse al caudillo del golfo de la contienda electoral, y no; no fue por mandar a los indígenas al páramo, fue porque Nebot arriesgo parte de su capital politico por un gobierno que no supo como lidiar con la soledad del poder y aprovechar la unidad nacional. Finalmente el paquidérmico manejo del gobierno actual en la pandemia, fue la chispa que necesitaba el correato para incendiar y dinamitar la unidad nacional.
Es así, como si se tratara de una fuerza cósmica, como un mandato del universo, la biblia dice: "Divide y Vencerás", y Rafael Correa, como un buen caudillo mesiánico, como un redentor de masas, ha aplicado muy bien este mandato divino.
Sin embargo, el correato también tuvo que estrellarse contra una dura realidad: El caudillismo es efectivo, pero no suficiente. El rechazo al modelo autodenominado "progresista" ha sido evidente y Andrés Aráuz estuvo lejos de ganar en primera vuelta como preveían algunos sondeos, y la presencia correista en la Asamblea Nacional está muy reducida respecto de las elecciones de 2017, y mucho menos de las de 2013, hoy son apenas la tercera parte de la asamblea, es decir, necesitan mínimo de dos fuerzas políticas más para hacer mayoría en el legislativo.
El delfín de Correa tiene una muy dura tarea en esta segunda vuelta de captar un 20% de votos para ganar, esta vez solo, sabiendo que el gran caudillo no le aportará más votación, y sin dinamitar con un discurso diferente su base correista, que es ciega al asistencialismo de su redentor.
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Capítulo
aparte del caudillismo, merece mención el bucaramato, el caudillo del pasado y
gran perdedor de estas elecciones, quien acorralado por la justicia y con su
nicho de votos populistas copado completamente por el correato, su sucesor
espiritual; el otrora rey del populismo queda sepultado de la arena política del Ecuador, aunque en nuestro
país no existen los cadáveres políticos. |



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